Vida Cristiana

Esta es la voluntad de Dios para ti: Gratitud

«¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?» es una pregunta que como creyentes nos hacemos a lo largo de nuestro caminar en la fe.

Hay momentos en los que nos encantaría tener una especie de comunicación con Dios en la que nos dijera con exactitud cuál es Su voluntad: cuál oferta de trabajo elegir, qué carrera estudiar o en qué colegio inscribir a nuestros hijos. Pero la realidad es que esto no necesariamente ocurre así. A veces no tenemos claridad sobre qué decisión tomar cuando las opciones que tenemos no son malas en sí mismas.

Pero ¿qué pensarías si te digo que hay cosas que Dios sí ha dejado bien claro que son Su voluntad para nuestra vida? ¿Qué responderías si te digo que hay direcciones que Dios ha dejado establecidas, hacia las cuáles podemos y debemos dirigirnos?

Hay varias enseñanzas en la Palabra que el Señor nos ha dejado como Su voluntad específica para nuestras vidas y en este escrito quiero hablarte de una de ellas: la gratitud.

“Porque esta es la voluntad de Dios”

La Palabra nos enseña lo siguiente: «Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús» (1 Ts 5:18). Dios quiere corazones agradecidos. Él ha dejado claro en Su Palabra que nos llama a ser agradecidos en todo tiempo; esta es Su voluntad y deseo para nosotros.

Si no puedes ver ninguna bendición en tu vida, si piensas que Dios no te ha dado nada, mira a la cruz

 

Por nuestro corazón pecador, la gratitud no nos surge naturalmente; de hecho, la ingratitud, la queja y el descontento —todas son espinas de un mismo jardín— fluyen de nuestro corazón con mayor facilidad. No obstante, una marca distintiva que los creyentes debemos buscar en el poder del Espíritu es vivir en gratitud.

¿Por qué ser agradecidos?

Ya vimos que la voluntad de Dios es que seamos agradecidos. Ahora te comparto tres verdades que necesitamos recordar para vivir de esta manera.

1. Todo lo que tenemos nos ha sido dado

Porque ¿quién te distingue? ¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido? (1 Co 4:7).

Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación (Stg 1:17).

No hay absolutamente nada que tengamos en esta vida ni en la venidera que no haya venido de la mano de nuestro buen Dios. Familia, carrera, recursos, relaciones, el abrir nuestros ojos cada día, el hecho de que estemos respirando ahora mismo —sin siquiera estar conscientes de que lo estamos haciendo— y la certeza de que si estamos en Cristo tenemos morada en los cielos; todas estas cosas vienen de Él.

Es más, aún aquello que no recibimos es parte de las formas en las que Dios nos bendice y nos guía a Sus buenos propósitos. Como dijo Elisabeth Elliot: «Nunca olvidemos que algunas de las grandes misericordias de Dios son Sus rechazos a nuestras peticiones». Nosotros vemos una pequeña parte de la imagen, pero Dios mira el cuadro completo, pues Él mismo lo ha diseñado. Si creo que Él es sabio, bueno y soberano, puedo descansar en Él y responder con gratitud en medio de lo que me da y de lo que decide no concederme.

2. Somos indignos de todo lo que hemos recibido

Todo lo que tenemos, además de habernos sido dado, es pura gracia. No hay nada en nosotros que merezca las bondades de Dios. No hay virtud alguna que Dios pueda mirar en nuestras vidas y decir: «Ciertamente eres digno de que te bendiga». No. Sus bendiciones son evidencias de Su carácter generoso que Él da porque quiere y porque ama.

Si creo que Dios es sabio, bueno y soberano, puedo responder con gratitud en medio de lo que nos da y lo que decide no concedernos

 

Recordemos que Dios «No nos ha tratado según nuestros pecados, / Ni nos ha pagado conforme a nuestras iniquidades. / Porque como están de altos los cielos sobre la tierra, / Así es de grande Su misericordia para los que le temen» (Sal 103:10-11). No merecemos nada y, aún así, Sus bondades fluyen hacia nuestras vidas, incluyendo la mayor de todas: «El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?» (Ro 8:32).

En medio de nuestra indignidad hemos recibido al Único digno, quien se dio en nuestro lugar. El mismo que entregó a Su propio Hijo nos sigue bendiciendo cada día. La respuesta que debe fluir de nuestro corazón cuando reconocemos esta gracia es la gratitud.

3. Es mucho y grande lo que hemos recibido

Un corazón agradecido puede mirar a su alrededor y darse cuenta de lo mucho con lo que ha sido bendecido. Desde nuestra concepción hasta este justo momento —tú mientras lees estas líneas y yo mientras las escribía— hemos sido llenos de Sus bondades.

Quizás leas esto y pienses que no conozco la vida que te ha tocado o las circunstancias difíciles que has vivido. Es cierto, no te conozco y puede que tu vida haya sido o esté siendo difícil. Puede que estés viviendo circunstancias inimaginables. Pero, aún así, puedo decirte que lo lamento de verdad y, más importante todavía, que tu buen Pastor se duele contigo.

A pesar de todo eso, y aun sin conocerte, puedo decirte con certeza que ha sido mucho y grande lo que has recibido. Si no puedes ver ninguna bendición en tu vida, si piensas que Dios no te ha dado nada, mira a la cruz. La mayor bendición de todas la tenemos en la obra de Jesús a nuestro favor. El Justo muriendo por el injusto. El Perfecto muriendo por el pecador.

No hay absolutamente nada que tengamos en esta vida ni en la venidera que no haya venido de la mano de nuestro buen Dios

 

Ahora, a pesar de lo dura que pueda ser nuestra vida, todos hemos recibido bendiciones diarias por las que podemos estar agradecidos, solo necesitamos ojos que estén dispuestos a ver. Elisabeth Elliot tiene una frase que resume de manera excelente esta realidad: «Aceptamos y damos gracias a Dios por lo dado, no dejando que lo no dado lo eche a perder» (Let Me Be a Women, p. 42).

Cuando en nuestros corazones hay deseos que Dios no nos ha concedido tenemos la tendencia de poner nuestros ojos en aquello que nos falta, en vez de apreciar todas las formas en las que nos ha bendecido. Miramos nuestras vidas y nos sentimos infelices porque no tenemos eso que deseamos, pero solemos pasar por alto todas las bondades con las que Dios nos ha bendecido y sigue bendiciendo, una vez más: siendo la mayor de todas las bendiciones nuestra salvación en Cristo.

En Cristo

1 Tesalonicenses 5:18 nos deja ver que la gratitud es la voluntad de Dios «en Cristo Jesús».

Jesús hace posible que de nuestros corazones pueda fluir la gratitud que Él mismo nos llama a tener. Es en Jesús que las promesas de Dios son sí y amén (2 Co 1:20). Fue Jesús quien compró para nosotros las bendiciones que Dios el Padre derrama sobre nuestras vidas. Es Jesús quien nos da el acceso al Padre y quien ha abierto el camino para nuestra salvación. Es solo a través de Él que tenemos lo que hemos recibido y que podemos acercarnos con confianza a nuestro Padre y darle las gracias, conscientes de que si no fuera por Él nada seríamos y nada tendríamos.

Que Dios nos ayude en Cristo a cumplir Su voluntad y ser agradecidos.



Patricia Namnún
 es coordinadora de iniciativas femeninas de Coalición por el Evangelio, desde donde escribe, contacta autoras, y adquiere contenidos específicos para la mujer. Sirve en el ministerio de mujeres en la Iglesia Piedra Angular, República Dominicana. Patricia es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría y tiene un certificado en ministerio del Southern Baptist Theological Seminary, a través del programa Seminary Wives Institute. Ama enseñar la Palabra a otras mujeres y está felizmente casada con Jairo desde el 2008 y juntos tienen tres hermosos hijos, Ezequiel, Isaac, y María Ester. Puedes encontrarla en Instagram y YouTube.

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