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“Intensamente 2” y la necesidad de sabiduría externa a nosotros

Cuando se estrenó Intensamente en 2015, representaba lo mejor de Pixar: una animación magnífica, una narración original y brillante, y capas de significado para niños y adultos por igual. Fue la última película realmente innovadora de la era del apogeo de Pixar. Aunque hay algunas excepciones, gran parte de la producción de Pixar desde 2015 ha sido decepcionante en el mejor de los casos o, en el peor, irritante e impulsado por agendas. Los recientes fracasos de taquilla, como Elementos, han generado un gran debate sobre cómo Pixar ha perdido el rumbo.

Intensamente 2 puede ser un heraldo de la recuperación creativa de Pixar. Casi iguala la magia de su predecesora. Para el público de la Generación Z y Alfa (y sus padres), aquellos que navegan por el mundo actual de la «generación ansiosa» con un vocabulario emocional hiperafinado (tal vez afinado en exceso), no sorprende que Intensamente 2  sea tan resonante.

Me preocupa que una franquicia como Intensamente —con todos sus méritos artísticos— pueda acabar atrayendo a los niños más hacia sí mismos cuando lo que necesitan es precisamente lo opuesto

 

Sin embargo, el atractivo de la película para captar el espíritu de la época es también mi mayor advertencia sobre ella. Es una película de nuestro momento emocionalmente fluido. Pero este es el mismo momento en el que un número récord de personas están enfermas mentalmente. Nuestra fluidez emocional no nos está haciendo más felices.

En una cultura terapéutica plagada de problemas de ansiedad y sobreprocesamiento emocional, me preocupa que una franquicia como Intensamente —con todos sus méritos artísticos— pueda acabar atrayendo a los niños más hacia sí mismos cuando lo que necesitan es precisamente lo opuesto.

El drama adolescente dentro del cerebro

La mayor parte de la acción de Intensamente 2 transcurre dentro del cerebro en desarrollo de Riley, que ahora es una jugadora de hockey de trece años a punto de entrar en la secundaria. La pubertad ha aportado una nueva complejidad a su mundo interior. La secuela introduce una serie de nuevos personajes de emociones, principalmente Ansiedad, pero también Envidia, Vergüenza y Ennui, con breves apariciones de Nostalgia.

Las nuevas «emociones adolescentes» luchan con las emociones originales y más simples de Riley (Alegría, Tristeza, Miedo, Ira, Desagrado), y la trama de la película explora esencialmente el cambiante equilibrio (o desequilibrio) de la vida emocional adolescente.

Las ocurrencias de los personajes de las emociones dentro de la cabeza de Riley son alocadas y caprichosas, y los guionistas de la película se lo pasan en grande convirtiendo los conceptos emocionales en geografía fantástica. Solo se puede sonreír cuando los personajes emocionales viajan por una «corriente de conciencia» que fluye rápidamente, se encuentran con un enorme «abismo del sarcasmo» y esquivan bombillas como granizo durante una «tormenta de ideas». Me gustó especialmente una escena en la que las emociones visitan la «cámara acorazada» donde se guardan los «oscuros secretos» de Riley. Los creativos estilos de animación y los chistes de esta secuencia merecen por sí solos el precio de la entrada.

Retomando el papel, la voz de la emoción protagonista «Alegría», Amy Poehler brilla y, para mí, ofrece los momentos más desgarradores de la película. Cuando Alegría lamenta su reducido papel en la vida adolescente de Riley («Quizá esto es lo que pasa cuando creces: sientes menos alegría») y luego se reúne con ella en un momento culminante y catártico, me emocioné. Es un tópico de la vida que la alegría pura de la infancia se disipa a medida que envejecemos y nos enfrentamos a más preocupaciones, estrés y dolor. Pero la necesidad de alegría nunca desaparece del todo. Intensamente 2 lo capta muy bien.

¿Estamos demasiado encantados con nuestro mundo interior?

Mientras veía (y disfrutaba en gran medida) la película, me di cuenta de que la franquicia Intensamente hace vívido lo que se asume en nuestra era moderna de autenticidad. Nos encanta menos el mundo que hay fuera de nuestras cabezas y más el «yo» que conjuramos a partir del auténtico desorden de nuestro interior.

En las películas de Intensamente, la «vida real» fuera de las cabezas de los personajes es menos interesante que lo que ocurre adentro. El mundo interior de Riley es un caleidoscopio de colores y un carnaval de diversiones. En comparación, su mundo exterior es ordinario. Entiendo que la película intenta explorar específicamente la interioridad humana, y hace un gran trabajo encantándonos con las maravillas que hay en nuestro interior.

Esto es algo que los cristianos podemos celebrar, al creer que hemos sido creados por un diseñador intencional que creó «las partes internas de nuestro cuerpo» (Sal 139: 13-14 NTV). Cada nuevo descubrimiento de la ciencia del cerebro, y todavía quedan muchos misterios por descubrir, es una oportunidad para alabar a nuestro magnífico Creador. Los seres humanos estamos hechos maravillosamente, física, emocional y espiritualmente. Puede que Intensamente 2 no dé crédito a un Creador trascendente, pero no puede evitar dar testimonio de las milagrosas maravillas de la conciencia humana.

Sin embargo, llega un momento en que el asombro por nuestra vida interior va más allá del asombro agradecido y se acerca a la obsesión poco sana. ¿Es posible que estemos viviendo en una época demasiado consciente del drama emocional que hay dentro de uno mismo, demasiado propensa a saltar al «procesamiento» terapéutico y, en general, demasiado preocupada por el yo?

Puede que Intensamente 2 no dé crédito a un Creador trascendente, pero no puede evitar dar testimonio de las milagrosas maravillas de la conciencia humana

 

Abigail Shrier cree que sí. Su libro Bad Therapy [Mala terapia], de publicación reciente, argumenta de forma convincente que una de las principales causas del deterioro de la salud mental de las nuevas generaciones es que hablan mucho de su salud mental. Orientar nuestros pensamientos desmesuradamente hacia nuestras emociones nos hace, como era de esperar, más agobiados emocionalmente.

Sal de tu cabeza

Al ver Intensamente 2, sentí compasión por Riley como representante de personas reales que conozco, cuyos volátiles mundos emocionales se ciernen peligrosamente sobre su sentido de identidad y propósito general. Sin embargo, este es el fruto del individualismo expresivo contemporáneo, que nos ha llamado a definirnos a nosotros mismos en nuestros propios términos, favoreciendo los caprichos internos y los deseos más profundos por encima de las influencias externas, las normas y las expectativas.

Quizá el aspecto más inquietante de Intensamente 2 es cómo concibe el «sentido del yo» como una amalgama de creencias totalmente autorreferenciales. Las creencias de Riley sobre sí misma («Soy una ganadora», «Soy amable», «A veces tengo miedo», «Necesito ayuda», «Soy una buena persona», etc.) se unen gradualmente como hilos que forman su sentido del yo. Pero en la película, son solo las afirmaciones «yo» las que forman estos hilos de creencias.

¿Es esto adecuado? ¿No debería nuestro sentido del yo estar formado también por lo que los más cercanos a nosotros (es decir, nuestros padres, cónyuges o amigos íntimos) pueden ver y nosotros no? ¿No debería incluir creencias sobre realidades y verdades que son independientes de nosotros? ¿No es el mundo concreto y más grande que hay fuera de nuestra cabeza una matriz de significado más confiable para nuestra identidad que los dudosos vaivenes emocionales de nuestro interior?

Para tener una idea más completa, rica y satisfactoria de quiénes somos, tenemos que salir de nuestras cabezas. Matthew B. Crawford expone este argumento en su excelente libro The World Beyond Your Head [El mundo más allá de tu cabeza], en el que defiende que nos conocemos a nosotros mismos no principalmente a través de la autoconcepción, sino a través de la situación comunitaria, no principalmente por la reflexión interna, sino por la realidad externa. Afirma:

Vivimos en un mundo que ya ha sido nombrado por nuestros predecesores, y que estaba saturado de significado antes de que llegáramos nosotros… Nuestras experiencias privadas se basan en la revelación previa de un mundo compartido, y no serían inteligibles sin ella. Este es el mundo que encontramos primero, como bebés encerrados en una atención conjunta con un cuidador. De ahí se deduce que nuestras experiencias no son simplemente «nuestras».

Lo que hay dentro de nosotros es sin duda interesante, a veces inspirador y a menudo útil. Pero gran parte de lo que nos hace ser quienes somos, y casi todo lo que nos convierte en mejores versiones de nosotros mismos, viene de fuera de nosotros.

De afuera hacia adentro

En el Salmo 139, David no se asombra de conocerse a sí mismo, sino de que Dios le conozca. Dice: «¡Cuán preciosos también son para mí, oh Dios, Tus pensamientos!» (Sal 139:17), no «Cuán preciosos son para mí mis pensamientos». David es profundamente sincero sobre sus emociones a lo largo de los Salmos, pero su sentido de sí mismo no se encuentra en esos altibajos emotivos, sino en la firmeza y soberanía del Dios que nos formó y conoce nuestra estructura.

Gran parte de lo que nos hace ser quienes somos, y casi todo lo que nos convierte en mejores versiones de nosotros mismos, viene de fuera de nosotros

 

En una era de identidad amorfa que se construye a sí misma, «Dios me hizo y me conoce» es una base mucho más firme sobre la cual construir el yo.

Por supuesto, la conciencia emocional y el conocimiento de uno mismo forman parte de una identidad sana. Pero también lo son las convicciones, las creencias y la adoración orientadas lejos del yo y rindiendo cuentas a verdades mucho más grandes que nosotros. A fin de cuentas, un sentido sano de uno mismo se forma no solo de adentro hacia afuera, sino también —y podría decirse que con más fuerza— de afuera hacia adentro.


Publicado originalmente en The Gospel CoalitionTraducido por Eduardo Fergusson.

Brett McCracken es editor principal de The Gospel Coalition y autor de Uncomfortable: The Awkward and Essential Challenge of Christian Community, Gray Matters: Navigating the Space Between Legalism and Liberty, y Hipster Christianity: When Church and Cool Collide. Brett y su esposa, Kira, viven en Santa Ana, California. Pertenecen a Southlands Church, donde Brett sirve como un anciano. Puedes seguirlo en Twitter.

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